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Concepcionistas Franciscanas de Burgos

POR AQUÍ PASÓ EL SEÑOR

Por aquí pasó. Pasó en una cuaresma llena de Palabra de Dios, de alabanza, de glorificación… donde Le veíamos pasar lentamente, con su cruz, su amor, su entrega para invitarnos a seguir sus pasos; pasó por nuestras vidas… y Él iba por delante.

 

Por aquí pasó en un Jueves Santo de adoración, de entrega, de reconocimiento de su presencia, de amor…pasó, y se quedó, se quedó con nosotros en la Eucaristía, se quedó con nosotras en el Sagrario; se quedó en el sacerdocio, se quedo en la vida fraterna, se quedó en nuestras vidas, siendo alimento y fuerza para el caminar …

 

Por aquí pasó en un Viernes Santo, en una crucifixión, en una muerte y en un dolor impregnados de amor. Me amó y se entregó por mí. Pasó con el dolor del mundo, con las guerras que sacuden a la humanidad, con el hambre y el frio del desvalido, con el dolor del que sufre la enfermedad, la muerte… y a todos nos miró con misericordia.

Por aquí pasó en un Sábado Santo, en un silencio profundo. Pero con la luz y la fortaleza de María, la dulce Madre, con todos aquellos que lloran la muerte de sus hijos, el alejamiento de Dios y del camino del bien. Ella, sabe lo que es dolor y no nos deja solos, ella experimentó la soledad, el abandono, el rechazo, para confortar el dolor y el sufrimiento del ser humano.

 

 

Pero…por aquí pasó y ¡Resucitó! Y nos llena de esperanza y de gozo. Ya no podemos vivir de tristeza, de desesperanza, de negatividad.

La resurrección corporal significó el retorno a la vida de un cuerpo transformado, impulsado por el Espíritu Santo. Jesús fue resucitado de entre los muertos, como «primicias de los que durmieron» (1 Corintios 15:3-4). Después de la resurrección, ascendió en cuerpo y alma a la presencia del Padre y desde allí reina sobre toda la creación. La resurrección atestigua que Cristo es el Salvador del mundo. ¿Qué has hecho con Jesús? Él murió en tu lugar para que tus pecados puedan ser perdonados. No hay otro que pueda hacer esto. Hechos 4:12 dice: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos».

 

 

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