Escuchamos la voz del Padre en el atardecer del día 7 de diciembre, en la preparación para el día de la Madre Inmaculada:» Establezco hostilidades entre tí y la mujer, entre tu estirpe y la suya.»
Eva queda eclipsada por la luminosidad de María. Ella es la elegida para ser el Templo puro, sin mancha; la Puerta por donde nos viene la salvación perdida por el pecado. Así puede decir: » el Señor me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo» Por eso la vemos envuelta y vestida de la gracia de Dios, con un fiat absoluto, que la hace brillar e iluminar a la humanidad entera, por esa luz que lleva dentro: Jesús, y que en este tiempo de adviento, está próxima a entregar al mundo, a todos los hombres, para que como Ella, sepamos pronunciar esos pequeños fiat que nos pide el Señor a lo largo de la vida, para que siga naciendo Cristo en cada vida, cada día. Somos hijos de María, y por lo tanto debemos ser una navidad permanente en medio de las tinieblas que nos puedan envolver.
Así podremos decir con la voz del ángel: Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tu entre las mujeres. Y continuamos: ¡Alegrémonos! porque como María podremos estar gozosas porque el Señor está con nosotras y también – de una manera espiritual – engendraremos al Hijo, con nuestros pequeños fiat, y seremos alabanza de la gloria de Dios y luz y bendición para toda la humanidad.
¡Feliz día de la Inmaculada! ¡¡¡La bendita entre las mujeres!!!

