Noticias y novedades de las Concepcionistas Franciscanas de Burgos

Beatificación de mártíres burgaleses

10/04/2016

 

Recordamos con gratitud su sacrificio que es la manifestación concreta de la civilización del amor predicada por Jesús. No se han avergonzado del Evangelio, sino que han permanecido fieles a Cristo. Sepultados con Cristo en la muerte, con Él viven por la fe en la fuerza de Dios.

Burgos es una tierra bendecida por la sangre de los mártires. Si nos limitamos a los testigos heroicos de la fe, víctimas de la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado, la Iglesia distintas ceremonias ha beatificado a 72 paisanos nuestros que se suman a ese ejército inmenso de bautizados que, con el vestido blanco de la caridad, siguieron a Cristo hasta el Calvario para resucitar con Él en la gloria de la Jerusalén celestial.  Los mártires no fueron caídos de la guerra civil, sino víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia. Nuestros mártires no  eran combatientes, no tenían armas, no se encontraban en el frente, no apoyaban a ningún partido, no eran provocadores. Se trata de un sacerdote y cuatro jóvenes pacíficos, asesinados por odio a la fe, solo porque eran católicos, porque era sacerdote, porque eran jóvenes que creían en Dios, porque tenían a Jesús como único tesoro, más querido que la propia vida. No odiaban a nadie, amaban a todos, hacían el bien a todos. Su único “delito” consistía en acoger, ayudar, educar y formar a los más desfavorecidos. A la atrocidad de los perseguidores, no respondieron con la rebelión o con las armas, sino con la mansedumbre de los fuertes.

La sangre de los mártires no puede ser motivo de discordia. La celebración de la beatificación quiere, una vez, más gritar fuertemente al mundo, que la humanidad necesita paz, fraternidad, concordia. Nada puede justificar la guerra, el odio fratricida, la muerte del prójimo. Con su caridad, los mártires se opusieron al furor del mal. Con su mansedumbre los mártires desactivaron las armas asesinas  de los tiranos y de los verdugos, venciendo al mal con el bien. Ellos son los profetas siempre actuales de la paz en la tierra. La celebración de su memoria sea, pues, la fiesta de la reconciliación, del perdón dado y recibido, el triunfo del Señor de la paz.

Jesús Yusta Sainz

 

 

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